CAPITULO 2
Comenzó el colegio pero Jack aún no decía ni palabra. No es que tuviese ningún tipo de enfermedad que le impidiese hablar, de hecho él podía hablar a la perfección pero no se sentía en la obligación de hacerlo al menos que tuviese una razón de peso. Se podría decir que era un chico extremadamente tímido y totalmente diferente a la muchedumbre que habitaba la clase 1A. Un día entró a clase la señorita Lake, una joven profesora recién salida de la universidad que tenía la difícil tarea de domar aquellas pequeñas bestias, y de pronto se encontró a la pequeña Mary llorando en una esquina. Al preguntar lo que le había ocurrido, Mary respondió entre sollozos que le habían robado su tartera, decorada con la figura de Fresita, un personaje de dibujos muy popular entre las niñas durante aquella época, y donde la pequeña guardaba los deliciosos pasteles que le había cocinado su abuela durante el día anterior para disfrutarlos en el recreo. La señorita Lake, se giró enrabietada y preguntó a toda la clase quién había robado los pasteles de Mary, y que los devolviera inmediatamente. Nadie respondió, y a medida que la señorita iba perdiendo los nervios, Jack abrió la boca y dijo: “Ha sido Paul Rutherford”.
Paul, el hijo de un adinerado empresario de la construcción londinense, era el perfecto ejemplo de niño malcriado. Había construido una pandilla a base de regalos, favores y demás estratagemas de poco honor. Al mismo tiempo se había convertido en el matón de la clase robando las canicas, pegatinas, cromos o incluso cuerdas de la comba con las que se divertían las niñas durante el recreo. Para hacer uso de ellas tenías que entregar tu almuerzo a modo de impuesto revolucionario, como si fuese el dictador de un pequeño país bananero con toboganes rojos y horas de la siesta obligatorias, para que el maldito gordinflón siguiese haciendo crecer su barriga y aumentando las tallas de su jersey. Mary, al no querer pasar por esa aduana, en un momento de despiste de los secuaces de Paul, los cuales no brillaban especialmente por su inteligencia, robó un par de muñecas y un juego de té para poder disfrutar de ellos durante el recreo. Pero no se dio cuenta que Paul había visto su astuta maniobra, así que corrió a la mochila de Mery y le robó los pasteles de su abuela, que tenían una pinta realmente deliciosa, y los cuales comenzó a devorar casi inmediatamente.
La señorita Lake le preguntó a Jack si había visto coger a Paul los pasteles de Mary, a lo que el contesto con un sincero “No”. Entonces, con gesto sorprendido, le preguntó si sabía que delatar a un compañero sin pruebas era algo muy feo y que no se debía hacer. A lo que el contestó:”Ya se señorita que está mal acusar a un compañero sin pruebas, pero en este caso es evidente que ha sido él. Su aura es de color violeta, y eso solo le pasa a la gente cuando miente, como cuando papá llega tarde de trabajar y le dice a mamá que ha estado en una reunión, y realmente ha estado bebiendo con sus amigos hasta tarde”. Los ojos de la señorita Lake se abrieron como platos, y sin decir palabra alguna, intentando procesar lo que acababa de escuchar, vio como Paul salía corriendo de la clase con la tartera de la pequeña Mary bajo su jersey así varios pasteles en la otra.
Y es que desde que nació Jack todo el mundo sabía que sus ojos tenían un brillo distinto al del resto de seres de este mundo.